miércoles, 25 de enero de 2012

Cacería


Las botas relucen al costado izquierdo de las vías. Desde el negro intenso del cuero el poder se filtra, contrastando con el miedo de los ojos que las perciben.
Estela corre tratando de refugiarse en la estación de Adrogué. Trata de pasar desapercibida
entre la multitud. No deja de mirar las botas que ahora están casi detrás de ella.
Su cerebro está tan acelerado como su corazón. Todo depende de instantes. Si pudiera alcanzar el próximo vagón se desprendería de esas botas por lo menos.

El cazador no da respiro a su presa. El tren ya está en el andén, unos metros más y todo termina. Pero las botas apuran el paso y unos brazos se extienden para alcanzarla. Estela no opone resistencia, sabe que es inútil. Agradece haber tenido tiempo de dejar a su hijo en casa de sus padres.

Primer Premio Microrrelato- VIII Certamen Literario Nacional “Leopoldo Lugones 2009”
Argentina

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