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| Fuerza bruta |
Mi madre cada vez que salía cualquier tipo de
conversación continuaba con su letanía:
— Es azaroso—afirmaba— Es un camino largo. Hay
que tener suerte. Realmente hay que tener suerte. Yo creo que en algún momento
la vamos a encontrar. Creo que la vamos a encontrar. Espero que tengamos
suerte. —decía mi madre a quién le
preguntase por Inés o por Candela. La respeto por eso. Pero no voy a perdonarle
que me ignorara todo este tiempo.
Mientras tanto escucho a mi vieja desde la habitación que compartíamos con Inés, en esta actitud que tengo, a mi pesar, de escucha permanente. Me transformo en el ojo
del mundo que no quiso oírla. Que la tildó de loca. De mentirosa. De profana.
Porque en verdad yo no odio a Inés. La quiero tanto que su pérdida desgarra mis
entrañas y se convierte en enojo. En ira.
Nunca comprendí esas marchas circulares por la Plaza, hasta odié los
pañuelos blancos, las conversaciones telefónicas. Los carteles. Los apodos. Las
visitas nocturnas.
No puedo entender. Me es imposible no dar por muerto a
los muertos, dejarlos en paz. Sólo recordarlos ¿Pero en realidad estoy dejando
morir a Inés o las traigo presente yo también en cada momento en que recuerdo
el recuerdo? Esta dicotomía me abruma y confunde.
Y ella, Marta, mi madre, la heroína indiscutible de la
escena. Vieja ¿y yo?… ¿no te das cuenta que yo te necesito? Sí, ya sé, está Jorge.
Pero los silencios de Jorge se han convertido en grietas infranqueables. El
también se hartó de mí. Digo, de mis propios silencios.
Con Lucas y mi madre
hablan poco y casi nada de lo que hacen en Buenos Aires. Es como si eso para él y para
mí, fuera el mundo de ellos, no el nuestro.
Si se hubiese quedado en Andecito no le hubiera pasado
nada. Pero no.. Inés quería ser alguien, decía, ¿y por qué no aquí? y ese Juan
que le llenaba la cabeza.
Mamá dice que yo no parezco su hija. Que de no ser tan
parecida a Inés creería que me habrían cambiado. Pero yo soy así, diferente a
Inés, a su Inés. Pero mamá. Si es también mi Inés ¿es que no te das cuenta? Yo
no tengo otra manera de expresarme. No soy como vos ¿Por qué querés que sea
como vos? Yo soy así. Soy Andrea, tu hija. ¿Es que ya no me reconocés?
Quizás demasiado mi
cuestionamiento sea simple para algunos. Compleja para otros. Soy Andrea, no
quiero ser más lo que queda de Inés. Quiero ser alguien entera. Quisiera poder
haber sido feliz.
Debo admitir que adolezco de esa enfermiza tendencia a no
creer a mi madre. Es que hace tantos años que dice: Candela va a venir.
Va a estar con nosotros. Y nunca sucedió nada, porque siempre era la nieta de
otro la que encontraban
En secreto,
escuchar su ritmo de vivir sin que ella me viese, es el único placer que me
llevaba al paroxismo. Porque en esos momentos de soledad puedo ser yo y no una
réplica de Inés.
Candela. Inés. Inés. Candela. Candela. Candela. Inés,
Inés. Inés. ¡Si ni siquiera sabemos si llama Candela! ¿Y yo qué?... Lucas nunca me lo perdonará, ¡pero que va! ¡Es mi
vida y yo soy así!
Nombre a nombre con
esa capacidad de llenar el vacío de una realidad, que es tan plena como
la vida. Y yo saliendo cada vez menos de la casa. Construyendo un campo de
exterminio para mí. Mi universo no es mayor al de la maceta que riego por
compromiso
¿Habrá algo tangible que llene más el tedioso acontecer,
que escuchar en silencio a los protagonistas de esta historia que me asfixia? La
única que parece haber sucedido en este mundo y que se adentra devorándomelo
todo junto al rítmico devenir de mi
dolor. No, no lo hay. Sólo me permito
asomarme a ellos un poquito, como si los interrumpiera entre tanta importancia
por la pérdida y la búsqueda frenética, Dejo oír como se suceden los hechos que les ocurren. Inés siempre
Inés. La desaparecida. La extraviada. La omnipresente. La única. ¿Y yo qué…? Si
hasta mi único hijo se ha sumado a la vorágine de mi madre más de lo que yo
hubiera podido imaginar y desear.
Es por esta razón que me atrevo por primera vez hablar a
través de este diario. Aunque sólo sea para mí. Ya que el tiempo en el que ellos viven, nadie
más que yo conoce, ni siquiera Inés o Candela, o cómo se llame, y que sin embargo, algún día llegará a ser muy mportante...

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